DIARIO DE A BORDO
3 DE MAYO DE 2026 | EL FINAL
Lo logré. Hoy ha sido intenso hasta el último momento. Llegué al borde del glaciar sobre las 12:30, tras un último y largo descenso entre la nieve, el viento y el agotamiento.
El equipo intentaba encontrarme en un punto GPS preciso, pero no había señal y las radios estaban fuera de alcance. Por su parte, el terreno era casi impracticable, incluso con un 4x4 y dos guías.
Luego me detuvo un río que no podía cruzar solo.
Uno de los guías me ayudó a pasar, con el agua hasta las rodillas, y me llevó de vuelta con el equipo sobre las 16:00. Estoy agotado, pero a salvo. Unas pocas horas más de carretera. Un último adiós al glaciar.
2 DE MAYO DE 2026 | VIVO
Estoy vivo.
Aprovecho la poca señal que tengo esta mañana para enviar unas palabras.
El tiempo sigue siendo pésimo. No veré el volcán. El viento es una locura. Salí al baño y, al volver, por donde había pasado hacía apenas unos minutos, ya había 80 cm de nieve.
Físicamente, aguanto. Solo una pequeña quemadura en la nariz y las mejillas. Ahora viene el tramo final. 50 kilómetros de descenso.
30 DE ABRIL DE 2026 | REFUGIO
Una subida interminable hacia el volcán.
La pendiente no dejaba de ascender, lenta y pesadamente, con el trineo tirando de mí a cada paso. Durante horas, solo hubo blanco, viento y la promesa de un refugio en algún lugar más arriba.
Entonces apareció.
Una pequeña cabaña al borde del Grímsvötn, utilizada principalmente por las expediciones de verano. Estaba cerrada, pero el equipo logró llamar y conseguir el código del candado.
Esta noche, estoy dentro. A salvo del viento. Protegido al fin, pudiendo finalmente extender mi equipo empapado para que se seque. Después de la tormenta, unas paredes sólidas y un techo parecen un lujo.
29 DE ABRIL DE 2026 | REANUDACIÓN
Más de treinta horas. Treinta horas esperando a que el mundo deje de aullar.
Fuera, la tormenta nunca amainó. El viento giró alrededor de la tienda, presionando la lona, golpeando sin pausa. La nieve se acumuló rápido, demasiado rápido. Así que tuve que salir, una y otra vez. Construyendo muros de nieve alrededor del refugio para evitar ser sepultado.
Cada salida era un calvario. En momentos como este, ya no piensas en avanzar. Solo piensas en aguantar. En mantener una bolsa de aire. Un poco de calor.
Esta mañana, me he puesto en marcha de nuevo.
El cielo se abrió lo justo para permitir el movimiento. Rumbo a Grímsvötn, un volcán activo enterrado bajo el Vatnajökull. Allí arriba, al borde del volcán, se encuentra un refugio: una pequeña cabaña sólida, utilizada principalmente por expediciones en verano.
Si logro llegar, pasaré allí la noche.
Después de la tormenta, eso casi parece un lujo.
27 DE ABRIL DE 2026 | BLANCO
Todo se cerró de golpe. Primero el viento, luego esa lluvia helada que azota la cara. En pocos minutos, todo se volvió blanco: un blanco sin relieve, sin horizonte. El suelo y el cielo se confundieron, devorando cualquier dirección. Cada metro se convierte en una lucha absurda. Estoy aislado del mundo.
Estoy empapado. Hasta los huesos. Así que cedo ante lo evidente y monto la tienda, aquí, ahora, de urgencia. Los gestos mecánicos repetidos tantas veces cobran todo su sentido: clavar, tensar, fijar, verificar. Las manos entumecidas pero precisas. Por fin me refugio.
La lona restalla bajo las ráfagas, pero al menos resiste. Enciendo el hornillo a tope. La llama baila y ruge suavemente. El calor regresa lentamente y el aire húmedo se carga de un olor a gas y a supervivencia. Por primera vez en días, me detengo. Acepto el ritmo del hielo, no el mío.
23 DE ABRIL DE 2026 | LA AVENTURA COMIENZA
Islandia se abre con una última tregua: cuatro horas de carretera desde Höfn para alcanzar la linde del glaciar. A medida que el asfalto desfila entre campos de lava, el paisaje se vacía y la calotte blanca termina por saturar el horizonte.
Es el momento en que la logística se desvanece ante la realidad del terreno. En el punto de partida, el motor se apaga para dejar paso al único sonido del viento. La carretera termina aquí; el resto se hará solo con la fuerza de las piernas.
7.900 KM² DE SILENCIO
El Vatnajökull es el casquete glaciar más grande de Europa. Un gigante de 7.900 km² donde el hielo oscila entre campos de grietas y capas espesas de casi 1.000 metros.
En estos 180 km de travesía, el paisaje no ofrece relieve, los vientos superan regularmente los 100 km/h y las temperaturas caen por debajo de los -20°C.
LA ELECCIÓN DE ALEXANDRE GAYE
Diseñado para la exploración de las profundidades marinas, el reloj de buceo profesional revela toda su relevancia en la alta montaña.
Hermético, legible, fiable y preciso, el Ref. 5330 acompaña a Alexandre Gaye en su travesía integral en solitario por el Vatnajökull.